26 de noviembre de 2014

'TENEMOS A TU PAPÁ, ESTÁ SECUESTRADO'



-Tenemos a tu papá, está secuestrado y necesitamos que nos deposites el rescate... dice en tono agresivo una voz impersonal que desde ese momento, puebla en las pesadillas de toda una familia.
 admin/fotos/2014-11-25/24699_55x.jpg Ese día la mesa estaba servida como de costumbre, la comida recién hecha reposaba en la estufa; hijos y nietos estaban listos para sentarse -como todos LOShttp://cdncache-a.akamaihd.net/items/it/img/arrow-10x10.png días- con el señor de la casa.

El reloj marcaba las 14:00 horas de aquel viernes; el mantel, platos, cubiertos, vasos y servilletas estaban sobre la mesa; casi todas las sillas ocupadas, todos listos para disfrutar de la tan acostumbrada comida familiar, aunque el asiento del ingeniero Carlos Alberto Ruiz Vásquez estaba aún vacío.

Carlos Alberto, de 88 años de edad, SALIÓhttp://cdncache-a.akamaihd.net/items/it/img/arrow-10x10.png desde las 10:00 de la mañana junto con su chofer, para realizar el avalúo de unos clientes y prometió regresar a casa como todos los días, a la hora de la comida.

Alejandro Ruiz Rivera, hijo del también catedrático de la Universidad Veracruzana (UV), ya lo esperaba al igual que sus otros hijos y nietos; sin embargo, su padre no llegaba, lo que comenzó a inquietar a la familia, pues era un hombre puntual.

Esa tarde del 30 de mayo, el reloj seguía caminando sin que entrara por la puerta; fue a las 16:00 horas que la angustia invadió a Alejandro y su familia, que decidieron marcar al celular de su padre, sin embargo el teléfono sonaba y sonaba sin tener respuesta, de igual forma, lo intentaron con el teléfono celular del chofer obteniendo el mismo resultado.

Poco antes de las 17:00 horas, el timbre del celular terminó con esa incertidumbre; en la pantalla- llamada entrante de papá- fue el alivio del menor de sus cuatro hijos, quien al contestar y esperando escuchar la explicación del retraso de su padre, contrario a ello, del auricular salió una voz agresiva que jamás había escuchado, ni hubiera querido escuchar.

La primera reacción de Alejandro fue colgar, y creer que la llamada había sido parte de las ya tan comunes de extorsión, pero segundos más tarde recapacitó, pues habían marcado desde el celular de su padre.

Nadie lo podía creer, era de esas realidades que prefirieron no ver; sin embargo 10 minutos después de nueva cuenta comenzaron a sonar más celulares y teléfonos, indudablemente, "mi papá fue secuestrado por los supuestos clientes que necesitaban el avalúo de sus bienes", acepta Alejandro.

A más de seis meses de esa fecha, el hijo de don Carlos Alberto Ruiz Vásquez confiesa que no tenía idea que este tipo de delitos sucedieran en Xalapa, y peor aún, que su familia se vería involucrada en un acto tan cruel y despiadado, "yo creía que era una ciudad tranquila", dice esbozando con un dejo de amargura una sonrisa. 

NEGOCIACIONES FALLIDAS

"FINALMENTEhttp://cdncache-a.akamaihd.net/items/it/img/arrow-10x10.png, tuvimos que establecer contacto con ellos, para iniciar la negociación", cuenta luego de un largo suspiro quien se ha convertido en una suerte de vocero de su familia y quien accedió a compartir su historia con los lectores de Radiover.info.

De inmediato, aún nerviosos y con zozobra la familia se puso en contacto con la Unidad Especializada de Combate al Secuestro, quienes de acuerdo a Alejandro, los asesoraron de la mejor manera, siempre con respeto a las decisiones familiares.

Interpusieron la denuncia formal ante el Ministerio Público, para que las autoridades comenzaran con las investigaciones. Les fue asignado un asesor, el jefe de la unidad, quien los orientó para realizar las negociaciones con los secuestradores, a fin de recuperar a su padre lo más pronto posible.

A pesar de haberlo solicitado, nunca tuvieron contacto DIRECTOhttp://cdncache-a.akamaihd.net/items/it/img/arrow-10x10.png con el Procurador General de Justicia del estado de Veracruz, Luis Ángel Bravo Contreras y mucho menos con el titular de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP), Arturo Bermúdez Zurita.

"A través de un tercero se pidió al Procurador de Justicia, que ni siquiera sé quién es, y personalmente no tuvimos ningún contacto, pero estamos seguros que el Procurador le pide al jefe de la unidad que atienda el caso y ni así se logró nada", dice decepcionado.

Al día siguiente del secuestro, el sábado 31 de mayo continuaron las llamadas. Por un momento los delincuentes se apiadaron del dolor de los familiares de su víctima y les pusieron una grabación.

"Hijo estamos bien, nos han tratado bien, ayúdales por favor en lo que te piden, en lo que se pueda", fue lo último que don Carlos le dijo a su familia.

La cantidad de rescate ya estaba acordada, solamente faltaba definir ciertos detalles, como la forma de entregar el dinero y el lugar donde la familia iba a poder abrazar y besar de nueva cuenta al patriarca.

El monto lo establecieron entre los secuestradores y Alejandro, quien no quiso detallar la cantidad durante la entrevista.

Pero ya cuando casi todo estaba listo para entregar el rescate, al sexto día del secuestro, Alejandro, asesorado por el especialista, pide una segunda prueba de vida de su padre, quien padecía de la presión y tenía problemas de vista y oído.

Esta prueba es negada por los delincuentes, quienes argumentan que están en un lugar donde no tienen cobertura de red celular y no pueden hacer más grabaciones.

"Que me mandaran una foto con el diario de la fecha actual, inclusive les di una segunda alternativa, que al menos le preguntaran el nombre de su hermana menor y cosas que solo mi padre sabía, pero no accedieron a ninguna de las alternativas que les di", revela Alejandro.

Fue ahí, cuando las esperanzas de que su padre continuara con vida disminuyeron drásticamente, ya que transcurrían los días sin que los secuestradores ofrecieran alguna garantía que mostrara que Carlos Alberto de 88 años de edad, seguía en este mundo.

Para ese entonces, después de 36 horas de secuestro, el chofer ya había sido liberado por los delincuentes, lo que lo convirtió en uno de los sospechosos y también en la única persona que pudo haber informado del estado en el que se encontraba su patrón; sin embargo la rabia y el coraje invadió a la familia afectada y no quisieron cruzar palabra con el empleado de confianza.

"No quiero hablar más de eso, él ha ido a declarar todo lo que sabe, pero no quiero decir más porque sigue siendo una línea de investigación vigente y no quiero entorpecer esto", expresa Alejandro en el transcurso de la entrevista.

Durante las llamadas, invadido por la angustia, rabia e impotencia, entre gritos maldijo a los delincuentes que le habían arrebatado la libertad al ser que le dio la vida.

"Le voy a pegar un tiro, ¿dónde quieres que le pegue un tiro?", respondían los secuestradores.

Se hicieron varios intentos por recuperar a su padre, sin embargo, fueron fallidos. El día que se dirigían a entregar el rescate, los secuestradores pusieron una serie de condiciones que la familia no estuvo dispuesta a complacer.

"Nunca nos ponemos de acuerdo, no se quiere meter uno en la boca del lobo. Nos decían, bájese usted en el camión, camine 100 metros, cruce el río caminando y se mete un kilómetro por una brecha y ahí deje el dinero, entonces eran peticiones que nos exponían demasiado y que no quisimos aceptar", detalló Alejandro, quien aseguró no haber tenido tiempo de llorar durante todos estos meses.

El hombre fuerte y trabajador que describe su hijo menor, quizá estaba siendo maltratado, humillado o golpeado; incertidumbre que no ha terminado para la familia de don Carlos, un xalapeño que aún a sus más de 80 años se preocupaba por su preparación, por lo que estudió una maestría en evaluación, además de cursos en inglés y computación.

LAS ESPERANZAS, AL IGUAL QUE LAS AUTORIDADES, SE ALEJAN

Los días transcurrían, la casa se sentía vacía, las comidas a las 14:00 horas dejaron de ser una costumbre, no había tiempo de nada, a veces ni de trabajar, solo persistía el terrible miedo de realizar cualquier actividad fuera y dentro de la casa.

Las llamadas aún se hacían presentes, pero cada vez eran menos constantes. El cuarto de su padre estaba intacto, la cama tendida tal y como la dejó esa mañana del 30 de mayo que salió a trabajar; su closet, no se había vuelto a tocar.

Ya todo se iba perdiendo, pero de pronto los secuestradores dieron nuevas esperanzas: "ya vamos a soltar a su papá, pero solo está en calzoncillos, necesitamos que le lleven muda de ropa y unos zapatos".

Aún Alejandro recuerda con una sonrisa en su rostro y una mirada de esperanza, el cómo entró al cuarto de su padre a elegir la ropa con la que lo iban a vestir después de que se terminara esa terrible pesadilla… minutos después la ilusión se esfumó, era un juego pesado de los secuestradores, quienes se burlaron del dolor ajeno y no entregaron a su víctima.

Entre llamadas, negociaciones, dolor e impotencia transcurrieron tres semanas, sin que hubiera una clara oportunidad de recuperar a su padre con vida, fue a partir de la cuarta semana cuando el teléfono enmudeció, terminando así con toda esperanza.

"Durante todas estas semanas y con mucha prudencia se pedía la prueba de vida", recuerda Alejandro; en tanto los secuestradores continuaban en su postura y entre groserías, amenazas e intimidaciones, se negaban a acceder.

Fotos de una tarde antes del secuestro, son los últimos recuerdos que le quedan a la familia de aquel padre trabajador y del abuelo con cabello blanco.

Esa tarde previa a la pesadilla, entre globos, pastel y muchas caras de felicidad, la familia festejó el cumpleaños del hijo mayor de Alejandro, ahí se encontraban todos reunidos, sin saber que sería la última fotografía familiar.

Desde el secuestro, para Alejandro y su familia, la incógnita más grande es saber si su padre se encuentra con vida, y las condiciones en las que está, como es o fue tratado por sus secuestradores, dudas que siguen en pie, pues a más de seis meses de que fue privado de su libertad, aún no se tienen noticias.

El hijo menor de los Ruiz Rivera, reconoce que el caso de su padre, no es el único en Veracruz y por los meses que han transcurrido, el tema ha sido olvidado y archivado en un cajón.

"Yo creo que debe de haber unos casos muy recomendados donde no los deben de descuidar por ningún motivo, eso sí creo que ocurra, pero el caso de mi papá fue uno más de los cientos de casos que tienen pendientes y pues no tienen prioridad. Ellos jamás han dicho que el caso está cerrado, han admitido que el caso no ha sido atendido correctamente y han dicho que lo están retomando", lamentó.

Para Alejandro las posibilidades de encontrar con vida a su padre, son nulas; sin embargo su deseo es concientizar a la sociedad xalapeña para que estén informados sobre los casos de secuestro que se dan en el estado y sobretodo para que se manifiesten en contra de la impunidad y la injusticia.

Ahora el objetivo pareciera ser el de encontrar los restos, de su padre, a quien en ocasiones nombran en presente y otras en pasado, (como si ya fuera un hecho que no está más con vida).

Con la voz quebrada y después de un silencio de poco más de 10 segundos, Alejandro le dice a su papá, donde quiera que se encuentre, que hará algo por el país, que su secuestro no quedará en saco roto y que su familia sacará la casta para que su caso sirva para algo.

El dolor es grande y la familia carece de un espacio para llorarle a su padre, tío, abuelo y hermano, ya que no tienen el cuerpo ni la certeza del lugar donde se encuentra.

En el altar del hogar que por cinco años ha ocupado la mamá de la familia Ruiz Rivera, los hijos han decidido hacerle un espacio para recordar al ser que se les fue de la noche a la mañana, quien de estar aún con vida, habrá cumplido 89 años de edad el pasado 7 de julio.

El miedo, invade a la familia, y después de haber hecho pública su situación aumenta el temor a las represalias que pudieran surgir por parte de los secuestradores y las autoridades.

Después de este tormento, esta familia veracruzana solamente le pide al titular de la Procuraduría de Justicia, que al momento de comparecer ante el Congreso del Estado, lo haga de forma real y que no se aplauda la disminución de secuestros, pues este delito simplemente no deberían existir, porque aniquila lentamente y en silencio a la familia de quien lo padece.

"A mi papá no lo encontramos vivo, no lo encontramos muerto, simplemente no lo encontramos; es lo peor que puede pasar, que no sepas donde está, si está, si ya se fue, eso es lo más difícil”, expresó Alejandro con ojos húmedos.

La pesadilla comenzó con el secuestro de su padre, un tormento que no ha tenido fin y no lo tendrá, hasta el día que sepan el paradero de don Carlos Alberto Ruiz Vásquez, pues a casi siete meses del secuestro –como en muchos otros casos en la entidad- no hay avances ni resultados. En el final de la entrevista se hace un silencio, que cala los huesos.

SECUESTROS, AUMENTAN EN VERACRUZ

El último Informe de Víctimas de homicidio, secuestro y extorsión 2014 del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP) señala que en materia de secuestros Tamaulipas ocupa el primer lugar nacional con 446 casos denunciados, el Estado de México se ubica en segundo lugar con 124 y Veracruz aparece en tercer lugar con 123 secuestros reportados durante el periodo enero-agosto.

De acuerdo a estos datos, la Procuraduría General de Justicia de Veracruz recibió 10 denuncias por secuestro, 14 en el mes de febrero, 18 en marzo, 25 en abril, 14 en mayo, 19 en junio, 11 en julio y 12 en el mes de agosto, que suman 123 casos reportados.

No obstante, la PGJ confirmó a través de su Unidad de Acceso a la Información la recuperación de 79 víctimas, 10 de ellas sin vida, en el primer semestre del 2014, esto de acuerdo a la solicitud de información 00732114 emitida por la dependencia estatal.

Sin embargo, aún se espera el reporte de secuestros durante los últimos meses de este 2014.

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